Que un gol no tape el bosque

El heroico gol de Palermo, cargado de altÃsimas dosis de emotividad y adrenalina, logró disimular en el marcador final una nueva producción chata e inoperante de la Selección argentina. Fue necesario un milagro -asà lo definió el mismo Maradona- de último minuto para superar a Perú, el peor equipo de las eliminatorias, que llegaba sin chance alguna de entrar al Mundial y que perdió en todas sus salidas como visitante. Todo sigue igual de enredado, las fallas continúan en su lugar y sin ser corregidas. La diferencia está en que volvimos a la zona de clasificación directa.
La defensa se mantiene igual de vulnerable y tambaleante, aunque hayan cambiado casi todos sus intérpretes. Jonás Gutiérrez entregó sacrificio para poder desenvolverse en un puesto que no es el suyo, y cumplió; Schiavi lejos estuvo de ser el lÃder que es Newell´s y debe agradecerle a los cielos que su rechazo pifiado no haya terminado en festejo incaico; Heinze, extrañamente, fue de lo más saliente (o menos flojo) de la zaga, aunque sigue sin entenderse porque traslada tantos metros la pelota; Emiliano Insúa, en su debut, no tuvo peso en las proyecciones ofensivas y perdió cuando los peruanos fueron por su sector. No sufrió mientras la visita apenas ubicaba solamente a Fano en terreno argentino; distinto fue cuando decidieron arriesgar un poco más. Ahà tuvo que emerger la envergadura de Sergio Romero para demostrar nuevamente soltura y firmeza en el arco argentino. Tuvo tapadas claves.
En el mediocampo, Mascherano volvió a ser de utilidad para robar varias pelotas, pero tiró por la borda su buena tarea defensiva cuando devolvió pases cuadrados y comprometedores para sus compañeros. No puede regalar la posesión después de recuperarla, especialmente porque él es el único hombre de marca en el centro de la cancha. Su fallido intento de taco en el área devino en el empate de Rengifo. Por los costados, Enzo Pérez, en su estreno, pagó su poca injerencia por la derecha siendo reemplazado en el entretiempo (Palermo entró por él) y Di MarÃa fue de lo mejor de la primera etapa, desbordando con criterio y profundidad por la banda izquierda, aunque esas útiles cuchilladas desaparecieron en el complemento.
La conexión promisoria de los primeros 20 minutos entre Aimar, Messi e HiguaÃn terminó estancándose con el correr del choque. ParecÃa que el crack del Barcelona habÃa encontrado en el Payaso un socio que entendiera su mismo registro futbolÃstico. No obstante, Messi terminó nuevamente hundido entre la intrascendencia y sin encontrar su lugar, más allá de que en esta ocasión eligió desprenderse antes de la pelota, sin intentar abusar de su magnÃfica técnica individual. Aimar fue el autor del genial pase que dejó a HiguaÃn solo para el 1-0, que no es poco, pero no fue el elaborador de juego que tanto se esperaba, vÃctima de la imprecisión a la hora de elegir. El armador, todavÃa no apareció.
Un punto para destacar, es que, al fin, Maradona decidió dejar de lado el incompatible tridente de bajitos y apostó por darle lugar a dos futbolistas con caracterÃsticas de hombres de área y con conocimiento de lo que es tener que darle terminación a las jugadas. Y los dos le pagaron con goles. De Palermo ya está todo escrito, no quiero ser redundante (estoy hastiado de ver la palabra pelÃcula al lado de su apellido). Pipita enseñó movimientos interesantes, fue siempre el más peligroso en el área; y hasta tuvo otras dos ocasiones claras, antes de la precisa definición en el primer tanto. La contrapartida de esa valiosa decisión táctica, fue que, tras abrir el resultado, en vez de ir a aprovechar que Perú abandonó su postura defensiva y, por ende, dejó más espacios, le cedió la iniciativa y lo dejó agrandarse.
Dicho esto, es necesario que, terminada la resaca de la proeza de Palermo, Maradona y sus dirigidos se pongan a evaluar inmediatamente cómo plantear el choque definitorio frente a Uruguay. Porque si el peor equipo de Sudamérica nos llegó a poner en jaque en nuestro propio hogar, ¿qué podemos esperar de la visita al estadio Centenario, donde Uruguay va a salir a exponer su famosa garra para conseguir cómo sea un pasaje al Mundial? Es cierto que a esta altura, a dos fechas del final de la clasificación y en pleno caos en el que poco importa el volumen de juego, los análisis no sirven demasiado y ya está todo más que claro sobre las carencias de la Selección. Que el festejo del minuto 48 no cree una falsa imagen de mejorÃa o de superioridad que no tenemos.
