Milagro americano

El vuelo de España venÃa siendo muy elevado, con el récord de 35 partidos sin perder, goles, victorias, el juego de moda, jugadores del momento y hasta aires de superioridad (lógicos, dentro de todo) por parte de la prensa de su paÃs. Tuvo que aparecer Estados Unidos, clasificado por alineamiento de los astros para esta semifinal de la Copa Confederaciones, para darle el cachetazo frÃo que bajo a la Furia del olimpo en el que se encontraba después de la fantástica Eurocopa 2008. En Bloemfontein, en el estadio Free State, el soccer yankee le puso un alto al fútbol de los españoles y los dejó afuera de una final virtual en la que (absolutamente) todos los pronosticadores y opinólogos ya los ubicaban junto con Brasil.
Se combinó una jornada en la que España no tuvo sus luces prendidas, apareció relajada, no pudo desplegar el plan del tiki-taka, la circulación peligrosa y tuvo errores fatales con un dÃa en el que Estados Unidos ejecutó con maestrÃa un libreto de presión, sacrificio, ataduras al enemigo, contraataque y despliegue abnegado para poder correr de área a área, como hicieron Donovan y Bradley (el hijo del coach). Falló Capdevila, y Altidore facturó el primer gol, en la primera parte; se durmió Sergio Ramos, y Dempsey -premio merecido por el partidazo que jugó- liquidó la historia, en el complemento, para dejar a España KO.
Estados Unidos perdió los dos primeros duelos (3-1 Italia y Brasil 3-0) del Grupo B y cuando el debate estaba entre si serÃa Egipto o Italia el segundo clasificado, los hombres de Bradley dieron la primera sorpresa y golearon 3-0 a los Faraones, que venÃan de bajar a Italia, y se metieron en la semifinal, gracias al goal-average. Pasaron de parecer un seleccionado fuera de esa esfera de segundo nivel que forjaron laboriosamente en los últimos años, dominando la franja de la CONCACAF, a dar el gran batacazo del campeonato.
En 20 minutos, Casillas ya habÃa tenido más trabajo que en toda la fase anterior, en la cual España no habÃa recibido ni un gol en contra, y a los 26 ya habÃa perdido la imbatibilidad por primera vez en el certamen. Los de Vicente del Bosque no dieron nunca en la tecla justa, no engranaron pese a tener más la pelota y sufrieron el molesto marcaje americano, del que seguro muchos tomarán nota. Mejoraron en la segunda parte, cambiaron el ritmo y la imagen, pero lastimaron pocas veces con claridad. Encima, cuando Villa o Torres se decidieron a patear o superaron a la aplomada zaga contraria -durÃsima la pareja Onyewu-DeMerit-, Howard dijo presente con solidez para cuidar su arco.
España, la sensación que tenÃa el suelo sudafricano, se despide con un balance más cerca de lo negativo, dado que se hizo un festÃn con la lastimosa Nueva Zelanda, pero superó con lo justo y sin alardes los embudos defensivos que le plantearon Irak y Sudáfrica y acabó sucumbiendo merecidamente (mejor ahora que en pleno Mundial) contra el campeón de la última Copa de Oro, que ahora espera -sin una de sus figuras Bradley, por expulsión- en la final a Brasil… O a Sudáfrica; después de la lección de hoy tengamos algo de mesura.
